De un frío y sucio parking público, a una casa de acogida (sin las que no podemos trabajar, benditas sean), de ahí a otra y ahora en su propia casa y con su propia familia.
Quien la abandonó, no será nunca amado como lo es ella, nuestra pequeña niña de colores, divertida, segura de sí misma, valiente, mimosa...
Os regalo estas fotos, para que un soplo de aire fresco os calme y os ayude en la lucha, como nos han ayudado a nosotras.
Recién llegada a casa:
Y su primera noche:
Con mami:
Con los tatos grandes, que ya se han rendido a la nueva reina de la casa:
