Mi padre era muy, pero que muy especial y tenía sus manías. Cuando tenía un perro nuevo (el siempre perros) lo primero que miraba era el huesín (según él creo que debe de ser el hueso de la testuz, justo entre las orejas), luego venían las patas (cuanto más grandes en relación al tamaño, mejor) y por último la pose para cazar (o sea rabo recto, cara de frente y una patita de alante levantada)
Despues de observar todo esto, él siempre dictaminaba lo mismo "es un muy buen perro" incluso con Pepe un callejero que apareció por casa y despues de unos meses se fue como había venido, o con Chirli una caniche mezclada que odiaba salir a la calle.
Estoy segura de que estaría encantado con Soda.
Cualquiera diría que era cazador, os juro que en casa había varias escopetas, y los domingos en el prau saliamos él y yo a las seis de la mañana a cazar, nunca, nunca vimos nada ni tiramos un tiro, pero él se lo creía.
Con los bebes humanos hizo toda la vida lo mismo, primero con nosotras sus tres hijas y luego con sus cinco nietos, nos/les cogía en cuello y según él buscaba el huesín, tambien entre las orejas pero encima de las cervicales, para ver si eramos de verdad. (Aunque no os lo creais un compañero me dijo que se trataba del hueso Celta) menos mal que a nosotros bebes no nos hizo ir a cazar. Bueno ese entre otras cosas era mi padre.
Perdonad la turra estoy un poco mustia