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Antiguo 26-oct-2007   #1 (permalink)
cascabel
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Predeterminado La historia de Tchús, un gato ciego, un gato vivo.

Esta historia os la traigo de boca de su compañera humana, la que hizo todo lo que sólo una buena persona haría por un caso como el de Tchús y sus hermanas. Luchó por sacarlos adelante, con mucho esfuerzo, mucho amor, con todas las dificultades... pero dejemos que lo cuente ella, Clara, la mujer milagro. Un besazo Clari, eres mágica

Tchús llegó a la clínica de mi vete en un transportin de lona, junto a sus hermanas Clhoe, Casiopea, Ariadna y Velita. El tenía unos quince días, ellas alguno más.

Un poquito antes, le habían llevado a otra clínica en una cajita de zapatos, a ellas las habían abandonado en la puerta de una casa gatera que no podía asumir más pequeños.

Al abrir el transportin, mi vete se echó las manos a la cabeza, y está curada de espantos, pero aquella cosita olía mal, los pequeños estaban como despellejados, los culitos en carne viva, las bocas llenas de llagas. Cuando sacamos a Tchús, enseguida dijo que ese pequeño era ciego y más jovencito que el resto de los cachorros, “por tanto”, sería difícil que saliera adelante. Había que intentarlo todo, así que comenzó la lucha., sabiendo que lo más probable era que se perdiera la batalla y la guerra, porque el aspecto era lamentable y los bebes muy, muy pequeños.

Fueron horas duras, días y noches largos y difíciles, por el camino se quedó la pequeña Clhoe, no pudo seguir adelante, además de pequeños y enfermos, eran muchos y no pudo ser, se fue a los diez días de haber empezado con curas, bibis durante semanas.

La lucha fue dura, codo a codo con mi vete, las boquitas estaban muy deterioradas, una nueva cepa de calicivirus les “comía” trocitos de lengua, deditos, nariz. Betadine, unas manos amigas, hermanas, paciencia, horas de sueño, pomadas, aloé vera… permitieron que salieran adelante, poco a poco, y se convirtieran en pequeños de aspecto saludable, pero esos ojitos no parecían mejorar. El tratamiento fue complicado, antibióticos durante días, y una pomada de humanos que mi vete buscó como loca hasta encontrarla. De uso sobre la piel, dio un resultado espectacular en los ojos de Tchús y evitó que perdiera el globo ocular.

Las chicas de la “camada” salieron mejor paradas, Ariadna tuvo conjuntivitis, pero cedió bien a la medicación; Velita tenía y tiene un ojo dañado; Casiopea se quedó chatita al perder un trocito de nariz, también perdió la visión de uno ojo; Tchús, no pudo recuperar nunca la vista.

Es un gato inteligente y sensible, desde siempre jugaba moviéndose con la barriguita cerca del suelo, primero una manita, midiendo, luego la otra, hasta que se aseguraba de que pisaba firme y no había obstáculos. Aún hoy, cuando siente revuelo en casa, busca las esquinas o los marcos de las puertas, de ese modo tiene un punto de referencia y evita encontronazos.

Como cuando se convive con un humano ciego, tengo que tener cuidado con no dejar nada fuera de su sitio habitual, las puertas han de estar abiertas preferiblemente, porque al jugar o correr, puede darse un golpetazo. En cambio, cuando va andando tranquilo, aunque haya trastos por en medio, nunca tropieza, detecta un obstáculo y lo evita.

Le asustan los sonidos fuertes, los golpes, los gritos, y es importante para él reconocer un objeto nuevo en la casa, en esos casos, le llevo y facilito que lo reconozca y lo mida, que lo toque y lo huela, ya nunca tropezará con él. Es muy importante enseñarle las novedades y no cambiar de sitio los objetos de necesita, comederos, bebederos, arenero… todo debe estar donde siempre.

Si llega alguien a casa, es preferible que acerque suavemente la mano, no tocarle directamente, se asustará y él es muy sociable, pero puede que sienta ese contacto inesperado como una pequeña agresión y le resultará desagradable. Es preferible que sea él quien se acerque al extraño, lo hará, sin duda, le puede la curiosidad (ciego, si, pero gato… ).

Tchús es el chico de la casa, con el permiso del perrigati Uri, es suave, tiene un manto blanquísimo y sedoso, es dulce, de movimientos elegantes y cuidadosos, excepto… cuando aparece un mosquito por casa. Las demás se ponen histéricas y empiezan a corretear, él se queda inmóvil, de repente echa a correr, se acerca, se coloca y ¡¡zas!!, ya tenemos postre. Eso si, tiene que cazarlo mientras vuela, si no es así, si el bichejillo cae al suelo y deja de moverse, alguna de las pelanduscas se encarga de zamparselo sin compasión.

Tchús tiene dos amores, su mami, la única que puede cogerle desde el suelo a sus brazos sin que se asuste, y su Velita, con quien adora dormir la siesta previo amase de la nena en su barrigota.

Sus hermanas son muy conscientes de que Tchús no ve y tienen paciencia si choca con ellas o si se tropieza con alguna al jugar, le acercan los juguetes para que los encuentre y le consienten. Eso si, si hay cositas ricas, ellas se las zampan rápido, que aquí, un hermanito menos es una ración más y claro, las chuches, son las chuches, y el que no vea, pues eso que se pierde…

Tchús es muy especial, un luchador, un pequeño que devuelve amor en cada mirada, en cada gesto. “No son ojos porque te ven, son ojos porque te miran” y Tchús te mira, te mira fíjamente y sabes que te está viendo, con el alma.



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NO SON OJOS PORQUE LOS VES, SON OJOS PORQUE TE MIRAN

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