Fiebre:
Cuando el gato tiene fiebre, la mucosa nasal se le reseca, el pulso se le acelera, la respiración se muestra agitada y se observa un estado de inquietud y angustia general. Si el estado febril continúa, el gato se acuesta, se torna pesado, decaído, sus ojos están irritados y los mantiene semicerrados. Nunca administre analgésicos a los gatos sin consultar al Veterinario ya que muchos de ellos son tóxicos para ellos.
Un gato presenta fiebre cuando su temperatura es superior a los 39° C.
Debe ser evaluado a la brevedad por un Veterinario.
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