Respuesta: cómo os afecta el tiempo al estado de ánimo?
Me encanta la nieve, me vuelve loca el sonido de esta al caminar por encima. Las tormentas... me apasionan e incluso dejar que me caiga encima una lluvia torrencial, pero para eso tienen que ser de primavera o de otoño, para no helarme. Me encanta el otoño cuando roza el invierno, caminar por las callejas de mi pueblo oliendo el mar Cantábrico, escuchar a los miruellos (mirlos) cantar a pleno pulmón, sentir el olor del otoño, porque huele, vaya si huele! huele a humedad de bosque, a setas, a madera mojada. Abrigada en la calle con un jersey de esos que no son para salir a la calle en la ciudad, de esos que tienen doscientos años e incluso puede que algún agujero, gordo y hecho a mano, de colores feos, las chirucas, el vaquero desgastado y el chuvasquero, ese aire frío en la cara que te hiela la nariz. El cielo con ese color particular, anaranjado y gris, y extrañamente luminoso dentro de su propia oscuridad. Los pueblinos ya recogidos, e incluso el humo de las cocinas de carbón, todas esas ventaninas con la luz amarillenta saliendo tras ellas... vida, es vida y lo añoro, añoro esos árboles centenarios que me han visto caminar cientos de veces con mis perros por debajo de ellos. Añoro la hora del café en casa de mi güela, siempre llena de gente, de guajes, de comadres charlando en la cocina al olor del café de manga recién hecho, y ya de noche el torto a la sartén con un buen vaso de leche calentina recién ordeñada... Todo eso lo perdí, no volverá, ya no volverá, sólo regresa fugazmente a mi memoria cuando camino de nuevo por esas callejas en los días en los que el otoño acaricia el invierno.
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Hay cosas, que sólo se dicen con silencio, y yo, callándome, te las digo.
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